Acabando el año por todo lo alto

Nuestra última parada del año nos llevó fuera de Madrid con nuestras Velas apagadas. En el pueblo de Hornachos, dentro de su festival de teatro, actuamos a mediados de Noviembre en la que fue nuestra primera aventura como compañía. Una acogida estupenda de la obra por parte del público asistente en un auditorio espectacular.

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El 12 de Noviembre nos subimos a la furgoneta y emprendimos rumbo al pueblo de Hornachos para representar nuevamente nuestra obra. Con las pilas cargadas después de varios meses sin actuar, centrándonos en pulir la obra para pulir todo aquello que, con las representaciones de la pasada temporada, veíamos que podía mejorarse.

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Con esta nueva versión de nuestras Velas apagadas comenzamos nuestra segunda temporada de representaciones, con más ilusión y ganas(si eso es posible) que cuando la estrenamos en Diciembre de 2015. Una temporada llena de nuevos e interesantes retos en los que intentaremos dar lo máximo para estar a la altura de las expectativas creadas.

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La temporada no ha podido empezar mejor, ya que la obra fue un éxito total en su reestreno. La gente que acudió al auditorio de Hornachos salió encantada con la obra, algo que nos da más moral para afrontar este 2017 con todas las energías. En esta ocasión volvíamos a un escenario de grandes dimensiones, por lo que se podía regresar a la puesta en escena inicial, marcada por las diferentes “apariciones” en escena del personaje del barrendero, interpretado magistralmente por Laura Ruiz.

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Las velas lucieron en esta ocasión con mayor intensidad que en otras ocasiones. La desgarradora vida interior del cura, interpretado por Edgar Gómez, la desfachatez y la amargura de la puta, interpretada por Elena López, la violencia y la furia del nazi, interpretado por Alberto Márquez, la inconsciencia de la pija, interpretada por Ana Caño, siguen evolucionando y mejorando en cada nueva puesta en escena.

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El patio de butacas tembló, como ocurre siempre, con los monólogos iniciales de la obra. Una vez agarrados por la solapa, los espectadores no dejaron de asombrarse con los continuos giros a los que nos conduce el texto de Rodrigo Carpio. La entrada en escena del barrendero descoloca, después de un inicio trepidante, para dar un poco de “pausa” al desarrollo de la obra.

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La obra mantuvo su alto nivel inicial durante todos sus actos. Las escenas del hospital, a priori más “sencillas” aportaron la dosis de tranquilidad y de normalidad necesarias para poder asimilar lo visto hasta ese momento. El diálogo entre el cura y la puta, como suele ocurrir, fue el que más carcajadas provocó entre los asistentes.

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Los actos finales confirmaron que estábamos ante la mejor noche de las Velas apagadas, esa en la que todos los intérpretes están al máximo nivel y lo dan todo sobre el escenario. La ovación final confirmó que la noche había resultado un éxito. Esperemos que las próximas citas puedan resultar igual de memorables.

 

Me reservo las últimas líneas de esta crónica para hablar de nuestro querido Edgar Gómez, que nos ha acompañado en este precioso viaje, pero que a partir de ahora dejará la toga para aventurarse en otros proyectos. Desde aquí queremos agradecerle su trabajo y dedicación y desearle que le vaya todo genial. Estaremos atentos para ver que nuevas aventuras emprende…

 

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